martes, julio 13, 2010

¡Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad!

Según la enciclopedia Wikipedia la MANSEDUMBRE se define como “…el término medio (definición aristotélica de virtud) entre la irascibilidad y la impasibilidad. La mansedumbre, la irascibilidad y la impasibilidad son disposiciones relacionadas con la ira o, como decían antes, con el alma irascible…” Luego de leer el “mensaje” de Monseñor Bergoglio y aplicando el concepto de mansedumbre, creemos que sus palabras están muy lejos de la visión cristiana. Hablar de “Guerra”, “destrucción”, “peligro” para la patria y obra “del padre de la mentira” (Diablo) es incitar a la ira, impulsar el malestar social y más cuando se moviliza a la masa que lo sigue por religión o amor a Dios.  

Pero siguiendo la definición de la palabra para la iglesia “…la mansedumbre está incluido dentro de lo que se llama el Fruto del Espíritu Santo…”, siguiendo un razonamiento inverso: la ira, la irascibilidad y la impasibilidad, que manifiesta Monseñor Bergoglio con su discurso a las Carmelitas y es difundido a toda la red de redes por InfoCatolica ¿No es obra del “padre de la mentira”?.

Desde este humilde espacio reflexionamos y sugerimos a Monseñor que si no le gusta nuestra forma de ver su discurso hay otras cualidades cristianas que merecen ser tenidas en cuenta a la hora de ver y entender la ley de matrimonio igualitario: Amor, Gozo, Paz, Paciencia, Benignidad, Bondad, Fe y Templanza. Cuando recuerdo el mandamiento leído el domingo pasado en misa “amaras a tu prójimo como a ti mismo”, nunca pensé que se se trataba de heteros o homosexuales. ¿Donde está en peligro la obra de Dios?, tal vez solo en la cabeza de aquellos que no quieren ver o son interpretes de lo que es o no amar.

Tal vez tratar y discutir la problemática de la homosexualidad sea más sano, condenarlos a la exclusión de derechos humanos no es el camino. Las redes cristianas han hecho un trabajo y análisis de la biblia que deberían ser tomados en cuenta, sus criterios son inclusivos y respetuosos de la diversidad. Propongo que las repasemos para hacer una interpretación colectiva:

- no excluir a ninguna persona o grupo en razón de ninguna diferencia: racial, lingüística, social, económica, religiosa, y naturalmente sexual. Jesús no excluyó a nadie.

- no convertir la ética cristiana en un legalismo sin sentido, lo cual sería volver a la Ley judía (Torá), que Jesús y las primeras comunidades abandonaron.

- basar toda ética en el precepto del amor al prójimo: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.


Jorge P. Colmán

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